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Chat


Suena la sirena que indica la finalización de las clases. Carla es la primera en levantarse de la mesa. Recoge sus libros, el estuche y su inocencia. Escapa del aula que oprime su inmadurez casi corriendo, mientras cierra rápidamente la cremallera oxidada de su mochila.
La está esperando.

Llega a casa sudando, con el pelo despeinado, la cara sonrosada y prácticamente sin aire para respirar. Su madre la espera en la cocina. Quiere hablar con su hija, sentir que sigue siendo una niña.

Pero Carla está harta. Ella ya es adulta, no hay que explicarle nada. Ella ya lo sabe todo. Es adulta, joder. Qué empeño en verla aún como una simple niña.

Corre hacia su habitación y enciende el ordenador. Allí está segura. Desde aquel ordenador tiene contacto con el mundo, pero está protegida. Está protegida.

Se conecta al chat. "Samurai" la está esperando.
- Hola preciosa. ¿Cómo estás?
- No muy bien. Mi madre, como siempre... ¿Y tú?
- Bien. Ahora mejor, que estoy hablando contigo.

Carla sonríe. Él sí la entiende. Es el único que sabe cómo tratarla, cómo hablar con ella, cómo dominarla. Han quedado para verse en persona. Ya llevan cuatro meses chateando por las tardes, ya lo saben todo de sus vidas. Es el hombre perfecto para ella y tiene que conocerlo, desea conocerlo. Él tiene 20 años, ella 17.

Carla le propone tomar un café en un lugar público, pero Samurai quiere más intimidad:
- Allí no podremos hablar con tranquilidad. Yo tengo coche. Conozco un sitio alejado donde nadie nos molestará. ¿Qué dices?

Pues que sí, Carla acepta otra vez, engatusada por la labia y el saber hacer de Él, que ya es casi como un Dios, una divinidad hasta ahora inalcanzable a la que va a poder tocar y quizás besar al día siguiente. La inocente emoción de sus 17 años de edad la embriaga completamente y toda la noche la dedica a decidir qué ponerse, qué peinado hacerse, cómo maquillarse. Le enseña sus modelitos a Samurai por la webcam y él, alardeando de nuevo de su poder de convencimiento y dominación, le dice que está preciosa igualmente, que todos los modelos le gustan, que no hay una mujer como ella, que es una Diosa.

Carla se despide de Samurai sonriendo, sintiéndose importante, grande. Se acuesta en la cama pidiendo a un dios minúsculo e indiferente que la noche pase pronto y llegue por fin el momento esperado. Mientras, al otro lado de la banda ancha, un Samurai de 48 años de edad sonríe malicioso.

En los próximos días, Carla será notícia en el periódico. Otra víctima adolescente.

7 lectores opinan:

Luchida dijo...

Mmmm me hubiera pegado más que tuviera 14 años... No es que con 17 esas cosas no pasen pero... creo que más pequeña hay más probabilidad :P
Por el resto me ha gustado la historia aunque quizás la podrías haber alargado un poco más, jeje.
Besitos!!!

Calvarian dijo...

Lamentablemente hay mucho engaño por internet...no sólo con la gente joven Menos mal que eran 48, si el Samurai ese tuviera 43 y fuera calvo tendría problemas jejeje
Bésix

Darío Levin dijo...

Sara, gracias por tus palabras en mi blog... Corregiré el texto! muy acertado tu comentario.
Tu texto me gustó, pero creo que es un poco predecible. Igual refleja lo que queres trasnmitir, y eso está bueno!

saludos, seguimos en contacto!!

madroca dijo...

Por desgracia por mucho que se avise siguen cayendo chiquillas a diario en las garras de esos "samurais" muchas veces disfrazados con trajes de hombres honestos.
Gracias por seguir recordandolo.
Un saludo

Gabryel Leal dijo...

espectacular, epico, yo manejo un personaje en mi historia, desprovisto de todo escrupulo, aunque no es un "predador", sus victimas suelen caer igual de facil.

Gabryel Leal dijo...

quizas falto mas sentimientos d parte de la chica, y algun que otra detalle al final, o sea de ke forma fue victima y eso.

Lorena dijo...

Hola, Sara, ¿cómo estás?
Coincido con Luchida; es más, al comienzo del relato creí que esa era más o menos la edad de la protagonista, me sorprendió que tuviera 17.
Besos.

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