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LEYENDA DE LA ISLA DE BENIDORM

Debido a que estas semanas son las fiestas de Benidorm, la ciudad en la que resido, me han venido a la memoria las leyendas que circulan en torno al origen de nuestra isla, así que he escrito una versión propia de una de estas versiones para compartirla con todos vosotros. Espero que os guste.


Hace siglos, tal vez milenios, vivía en la sierra del Puig Campana un gigante llamado Roldán. Era el único ser humano que habitaba aquellas tierras, por lo que se consideraba el dueño y señor de toda la montaña. Tenía una cabaña grande que se había construido en la cima de la montaña con ramas secas y unos cuantos troncos. También disfrutaba del sol, de la playa y del monte cuando quería. Pero le faltaba algo.
En las noches de luna Llena, su soledad embriagaba su alma y no hacía más que desear que alguien pudiera compartir su tiempo con él. Y así fue como sucedió. A la mañana siguiente, estaba él paseando por la arena de la playa, cuando de pronto apareció una joven. Era una princesa hermosa, con cabello largo, un precioso vestido y unos ojos sin igual. La joven le miró extrañada, pero sin miedo. Y fue aquella curiosidad, aquel trato inocente, lo que transformó el corazón de nuestro gigante.
Los dos se enamoraron y decidieron irse a vivir juntos a la cabaña del bosque. La princesa la adaptaba con esmero a su estatura y condición, mientras Roldán buscaba siempre las hierbas más finas y tiernas para el lecho de su amada. Vivieron felices durante algún tiempo.
Pero un día, cuando Roldán volvía a la cabaña con leña para la chimenea, una sombra se le apareció. Él se quedó inmóvil y oyó que la sombra le hablaba:
— Corre si aún quieres ver a tu amada, pues cuando muera el día, ella morirá también.
Roldán le escuchó con temor y se apresuró a llegar a la cabaña. Cuando se acercó a la joven, estaba sudorosa y tenía fiebre muy alta. Deliraba. Roldán se puso muy triste e intentó por todos los medios bajar la fiebre de su amada. Pero no lo consiguió. El día se iba acabando y Roldán no quería dejar a la única persona que le había dado felicidad.
Permaneció frente a la joven durante horas, observándola y admirando su belleza. Pero el sol, impasible, seguía con su juego del escondite. Entonces Roldán, furioso y desesperado por darle unos segundos más de vida a su amada, se fue hasta el pico de la montaña y le propinó un puntapié, que hizo desprender una gran masa de tierra que cayó al mar y ahora es la isla de Benidorm.
Y por el perfecto hueco que había quedado, aún pasaron los rayos del sol durante unos segundos más de vida, hasta que el último atisbo de luz desapareció y con él, la vida de la joven.
Roldán, muy triste y hundido en la soledad de nuevo, cogió en brazos a su amada y bajó con ella al mar, donde se habían visto la primera vez. Miró al horizonte y aquella isla que se había formado, fruto de su amor por ella, le pareció hermosa. Como si hubiese quedado hipnotizado, se adentró con la joven en brazos y la depositó en el fondo del mar, bajo la isla de su amor. Pero no la podía dejar allí sola, así que se hundió con ella en las profundidades del mar y la abrazó con fuerza para toda la eternidad.


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3 lectores opinan:

Tomás Damián M. Podio dijo...

Hermoso, me ha encantado. Veo que vas mejorando, si bien cuando te conocí ya era difícil que mejorases. ;) ¡Un saludo!

Luchida dijo...

Ay qué bonito :)

Luis Rafael García Lorente dijo...

¡Qué buenos patronos tiene Benidorm! Así da gusto :)

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