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Despedida

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Nunca me han gustado las despedidas, y no es sólo porque sea una chica de lágrima fácil y sentimientos a flor de piel. 
No me gusta decir adiós porque pienso que la vida no es una línea recta, sino una continua espiral que, en cualquier momento, nos puede devolver un recuerdo, una persona o incluso un lugar. 
Por tanto, esto no es un adiós, es un hasta pronto. Es, más que nada, un agradecimiento y un reconocimiento. A lo que eres. A lo que has sido. Y también a lo que me has enseñado a ser. 
La soledad ha supuesto la mayor de tus enseñanzas. Aprender a convivir con ella ha permitido que, finalmente, pudiera escucharme aunque el miedo al silencio ganase al principio la batalla. 
También me has regalado momentos mágicos y amistades que, cuando se crean lejos de la familia, resultan tan cruciales e intensas.
Y, entre el ruido de toda esa compañía, me has seguido ofreciendo la soledad precisa para no olvidar mi yo más profundo. Para poder saborear desde la reflexión todas las experiencias vividas y permitir que cada día fuera una nueva lección. Para no perderme de nuevo en otra persona que no sea la que siente, piensa y redacta estas palabras. 
Gracias a ti he conocido el AMOR en mayúsculas hacia mí misma. Porque el amor egoísta es el primero de los amores que todos deberíamos alcanzar. Y, de la misma manera que se contruye un edificio, comenzando desde abajo, me has vuelto a construir. 
Gracias a ese cimiento, he podido conocer el amor verdadero, el concepto real y no el idealizado, no el dependiente, no el que yo durante tanto tiempo me había machacado en el cerebro. Me lo has puesto en el camino y ha resultado ser él y no otro el que en ese momento y en ese lugar resultaba el conjunto imperfecto perfecto para mi. Porque ambos somos, juntos, dos conjuntos menos imperfectos.
Además, he alcanzado uno de mis mayores sueños y me he topado con una clase idílica que siempre permanecerá en mi memoria y en mi corazón como el mayor ejemplo de respeto, amor, curiosidad y ganas de vivir. 
Me llevo tantísimo de ti y siento que te he dado tan poco que por ello no puedo decirte adiós, sino hasta pronto. Porque te compensaré. Lo prometo. Volveré a ti, a perderme y encontrarme constantemente en ti. Volveré a parar el tiempo caminando entre tus calles, sonriendo a la vida y descubriendo tus más secretos lugares. 
 GRACIAS, VALENCIA


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