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No les escuches. No prestes atención a esas voces que te niegan, que te restan, que pretenden saber lo que ni tan siquiera tú sabes. No se lo merecen. No se lo han ganado.

Dedícate a descubrir. Descubre por qué estás aquí. Descubre por qué ese aquí, y no otro aquí, te identifica. Haz un descubrimiento nuevo cada día. Puede ser cualquiera; la importancia se la das tú. No permitas que otros decidan si el descubrimiento fue mayor o menor.
   
Aprende a decidir. Decide siempre, en todo momento y en todo lugar. Decide hasta cuáles serán tus sueños con los ojos cerrados. Y luego decide tus sueños conscientes. Decide lo decidible y controla lo controlable.

No intentes abarcar aquello que no cabe entre tus brazos, que no ocupa a tu cerebro o que no atañe a tu corazón. Es una de las llaves para abrir la caja de la felicidad.

Cuando te topes con asuntos en los que tú no eres el conductor, sé un buen pasajero. Disfruta del viaje. Observa el paisaje. Escucha música. Estudia a otros pasajeros. Déjate llevar. Déjate fluir.

No te restes ni te dividas. Si el resultado va a ser menor, no merece la pena. Multiplícate (pero no por cero), súmate (a otros, a ti mismo… No importa. Sólo realiza la operación). Opera sin descanso. No hay problema mayor que el que no precisa operación.

Y sobre todo y ante todo, nunca dejes de buscar. Siempre hay algo perdido, siempre hay algo que encontrar. 

Porque eso es la vida… una improvisación planificada, pero sin plan. 
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