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Las historias


Cada segundo de vida esconde el inicio de una historia. Cuán aterradora o tierna sea, lo desconocemos. Es el devenir del tiempo quien nos muestra los giros que las cosas pueden tomar, las apariencias que las personas pueden dar y las consecuencias a las que cada acción nos puede guiar.
El problema es que a todos nos gusta ir rápido. A todos nos pudre el morbo de saber cómo va a acabar cada historia. El planteamiento de esta sólo nos mueve hacia el desenlace… Y el desarrollo de la misma nos importa más bien poco. Porque nos puede la curiosidad. Ansiamos saber si seremos felices, engañados, traicionados… O si, simplemente, no seremos.
Y es que ese es el peor de los desenlaces: un desenlace inexistente. Una historia sin él supone un desarrollo en el limbo… Un libro que no acaba, otro inicio que no aparece y el vago recuerdo de algún otro desenlace que, generalmente, no suele ser bueno.
El gran problema aquí es que no nos enseñaron que, igual que hay oraciones sin sujetos, también existen las historias sin fin. Porque lo realmente esencial en una historia es su protagonista. Y, a veces, la historia es demasiado buena como para acabar. 
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Construyendo trincheras...

Desde que nacemos, nos vemos involucrados constantemente en una sucesión de guerras o pequeñas luchas en las cuales a veces somos aliados, pero muchas otras, enemigos. 

Enemigos del sistema, de determinadas personas, del lugar en el que nos encontramos, o incluso de nosotros mismos. Sentimos que no hay trincheras suficientes para apaciguar tanto hastío, que los momentos de bonanza no pesan sobre los de lucha. O que, simplemente, no llegan. 

Son escenas en las que el sufrimiento, agobio, frustración y desolación se apoderan de nosotros. Y no encontramos el sentido, no hallamos la manera de salir de ese hoyo y restaurar la paz que un día nos arrebataron (o nos arrebatamos).

La paz que menciono se puede sentir y vivir de mil maneras diferentes. Puede estar en el canto de un pájaro, en un amanecer con buena compañía, en una taza de café o en un zumo de naranja. La paz está en todas aquellas personas y  momentos que nos envuelven en una gran trinchera.

En estos tiempos de luchas constantes, hay que saber construirse trincheras de vez en cuando y aislarse de todo lo que nos hace daño para disfrutar de la belleza que en todo momento nos envuelve, aunque entre el humo de la pólvora y la frustración de la batalla, ni tan siquiera la veamos. 
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Propósitos

No te lo propongas. No lo vas a cumplir. 

Ahórrate ese dinero en el gym, en terapias para dejar de fumar, en academias de estudios, clases particulares, en putas (los habrá que se propongan dejar de ser vírgenes... De todo hay en la viña del señor...). 

Iniciar años con proposiciones es como si de repente todos los políticos de este país decidieran devolver el dinero que nos han robado a día 1 de enero solo por "comenzar el año con buen pie"; o como si el pequeño Nicolás dejase de hacer de las suyas para ser un mortal más de la clase "ni-ni" que la ignorancia se ha atrevido a inventar. O sea, en términos comprensibles hasta para los seguidores de MHYV (Si no conoces las siglas eres un afortunado. Revísate el CI porque igual resultas un AC y tú por ahí sin saberlo...), imposible. 

La gente vive esperando cosas para hacer cosas. Nuestra vida se puede resumir perfectamente en eso: esperar algo para hacer algo. Acción, reacción. Esta es la esencia de nuestra existencia, y también el mayor de los errores que podemos cometer. 

Porque, ¿quién te ha dicho a ti, lector anónimo, que la acción está esperándote a la vuelta de la esquina? ¿Qué te has pensado que es esto, un videojuego en el que hay gente lanzando por ahí dardos o balas de acción para que tú reacciones? 

Imagínate a un tío que se dedique a eso (profesiones más raras se han visto). ¿Que hay un hombre gordo que no se mueve del sillón y ha dicho miles de veces de ir al gym pero su vagancia puede con él? Pues voy a meterle un supositorio de acción con un pequeño infarto. A ver si así se da cuenta de que lo que hay en sus venas son ríos y ríos de colesterol. 

Ahora imagínate que eso funciona. Que el gordo empieza a ir al gym, se siente espectacular, ayuda al consumismo renovando su armario y sube su autoestima estrepitosamente. Siempre dirá que ese "revés" que le dio la vida le hizo cambiar de hábitos. 

¿No hubiera sido más fácil y rápido haber sido consecuente desde el principio? ¿Necesitamos ese "revés" (el tío de los supositorios) para reaccionar? 

Así que si estás elaborando tu lista de propósitos, rómpela ahora mismo, quémala y tírala a la chimenea. No hay mayor propósito que ser protagonista de tu propia acción. 
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Reflexiones de fin de año

A los humanos nos encanta pararnos a reflexionar. Unos más y otros menos, todos reservamos alguna porción de nuestro tiempo para pensar: ¿Qué he hecho? ¿He aprendido algo? ¿De qué me ha servido lo que he vivido?. 

Estas preguntas cargadas de participios no son más que prólogos de nuestro futuro, cuestiones a la incertidumbre que nos aguarda, bien para enmendar errores o para no cometerlos nunca jamás.

Las reflexiones nos ayudan a entendernos y a reducir esa sensación de no poderlo controlar todo que nos invade desde el minuto uno de vida hasta la muerte.

Estamos rodeados de ciclos. Nuestra vida es uno de ellos. La historia es cíclica, la economía también. 

Por eso, hoy, día de reflexiones, os invito a que veáis que este no es el único espacio reservado a mirar hacia atrás. Que hay muchos más ciclos que nos invaden. Que los errores cometidos en marzo no tienen que esperar a diciembre a ser evaluados.

Feliz año y felices reflexiones a todos.
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